martes

Metamorfosis de una percepción aferrada.



Entender las razones por las cuales el tiempo tiene una capacidad increíble de modificar los sentimientos y aumentarlos dentro de ti, es una tarea difícil.


Hace pocos minutos un ser querido llegó de mi país Venezuela, cuando lo vi quise abrazarlo porque además de sentir esa sensación indescriptible de recuperar la calma en los brazos de ese ser querido, también quise percibir un poco del sabor y la energía que mi país. Le pregunté cual niña desesperada qué habia, qué pasaba, cómo eran los colores, sabores, sensaciones y vibraciones de mi "casa" y en medio de un bombardeo de preguntas, ese ser querido me vio y me dijo: mi amor aún no te toca, ahora falta que a tu casa "la reconstruyan", es una pintura a medio terminar, ni se te ocurra pensar en regresar.

Las esperanzas que me hacen brincar cual niñita de 6 años de que mi país se arregle se adormecieron una vez más, no quise preguntar, no quise investigar más al respecto. De repente me siento en frente de esta pantalla, que sería la única conexión de mi "casa" y yo, y veo como en mi mente (con la calima del sentido común de la mayoría de los venezolanos como telonero de esto) que uno de los mayores símbolos de naturaleza en el país se estaba quemando. Por ese instante miles de cosas pasaron por mi mente y es increíble como el tiempo se convirtió en escenario de momentos simultáneos: bomberos tratando de apagar el incendio pero fallando en el intento por falta de recursos, una amiga corriendo junto a más de 50 personas que salen del cine para que no los atraquen, policías de adorno, una sequía de esperanzas y un humo en el norte de los pensamientos colectivos de una oposición adormecida en el interés dividido en cada uno.


Simplemente son piezas que arman perfectamente el caos en que se ha convertido un país que era sinónimo de milagros y bendiciones, un país que jamás imaginaba abandonar, un país que guarda en su seno a los seres que quiero, envueltos todos en la magnifica habilidad de sobrevivir en una humareda de adversidades y de tráficos habituales. Ahí están y ahí siguen.


Mi corazón y mi alma están con ustedes.

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