domingo

11/04/2002. Un Recuerdo que Acaba de Tocar Mi Puerta.


11 de abril de 2002. Una fecha que reduce en cada una de sus cifras un momento que se supone debería ser imborrable en la mente de los venezolanos, en el corazón de aquellos cuyos ojos se vieron envueltos en impotencia y puestos a la realidad que ya se avecinaba en Venezuela.
Para aquellos hermanos latinoamericanos que gentilmente están siguiendo este blog, el 11 de abril del 2002 sucedió en Venezuela un evento muy lamentable, la muerte de varios venezolanos que ejercieron ese sagrado derecho de expresarse. Para aquellos que llevan grabado en la esencia la nacionalidad venezolana pues saben muy bien de lo que estoy hablando.

Para esa fecha, me encontraba a la edad de 12 años, un momento en donde los criterios y pensamientos empezaron a solidificarse dentro de mí, en un despertar de realidades con sueños de que existía lo ideal, recuerdo que encerrada entre las paredes de la esperanza de que finalmente Venezuela saldría a flote de una situación desesperante (para ese entonces me resistía por completo a la sola idea de dejar mi país ahora fíjense las sagradas sentencias del destino) y que algún día se podría retomar la calma relativa que estaba entre los rincones de este país ya tomado por las neblinas del fácil olvido y de la mordaza en la actualidad.

Recuerdo ese día con todos sus colores y sensaciones; una cadena nacional imprevista, discurso de costumbre sobrevolando las ideas y tratando de colocar una venda sobre los ojos de los que vivíamos en esa ciudad aún bendita y repentinamente la pantalla se dividía para poder ver como se dibujaba detalladamente los colores de la violencia y de la tragedia a manos de "los poderosos rojos" con armas en mano, esa cantidad de gente unida por un solo pensamiento, cerraron sus ojos y abrieron sus oidos a una balacera de imposiciones que finalmente apagaron la vida de varias personas.

Una angustia se adueñó dentro de mí, caminaba de un lado a otro, tomaba el control del televisor ansiosamente y empecé a cambiar los canales para verificar que lo que estaban presenciando mis ojos era una completa realidad y sí lo era, algo que jamás pude concebir dentro de mi mente se estaba cumpliendo, la voz de ese "Señor" se volvió un zumbido innecesario para mis oídos, quería callarlo, quería detenerlo, quería tener un poder total de borrar del libro de la historia de mi país eso que estaba pasando. Súbitamente se caen todas las señales de televisión. Apagué todo, respiré profundo, no podía creer lo que estaba sucediendo.

Desde ese mismo instante supe, sentí, percibí con todo mi ser que las palabras "norte" "paz" y "libertad" se borraron de la biblia sagrada de pensamientos e ideales de Venezuela. Sólo quedan las arenas del olvido que poco a poco han ahogado la psiquis y los sentimientos de la mayoría de los venezolanos. Para otros, sólo les queda sobrevivir y respirar entre ideas de ensoñación y de un mundo diferente. Aquí estamos y aquí seguimos. Prohibido olvidar.

1 comentario:

  1. Wao Aymara, me has llegado con esas palabras, no conocía la historia de ese día en tu país pero puedo decirte que es muy triste no tener la oportunidad de expresarse, te aliento a que seas una periodista dedicada a darle voz a aquellos que no pueden hablar y grites por aquellos que no pueden hacerlo.

    Kathy

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