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¿Cómo Ves Todo Desde la Distancia? (Desde lo Más Profundo de mi Corazón)

Sala Ríos Reina. Teatro Teresa Carreño. Caracas, Venezuela.


Dicen que no importa en qué lugar estés, siempre lo que sientes y lo que te sucede en la vida te perseguirá, al menos que lo cierres y puedas reconciliarte con eso. En medio de luces interminables de una ciudad bendecida y con cicatrices de una dictadura disfrazada de democracia hace 20 años, cierro mis ojos y por dentro lo único que puedo percibir son las sonrisas, las lágrimas, los sonidos y sensaciones que salían de mí cuando estaba en brazos de una ciudad de inmensas edificaciones, el tráfico permanente, los motorizados invasores de tu espacio, el del joven talentoso buscando algo para sobrevivir en los semáforos, la ciudad de centro de artes, de música, de un Teresa Carreño que me robaba el sueño, lugar en el cual quería pasar el resto de mis días, el de una ciudad universitaria que te impregnaba de su grandeza en tres inmensas letras U C V y un pulmón natural regalado por Dios llamado Cerro el Ávila.

Veo este nido de contradicciones, cuna de orden, de paz, de necesidad de tranquilidad, del país que besó mi alma hace 9 meses cuando llegué con un poco de paz, con un poco de reconciliación, con el hecho de que no hay nada de que temer, no habrán revueltas, no habrán odios por ser de un partido u otro. A veces siento que esa caricia tan sublime de la paz de esta casa prestada me duele, porque el bendecido sitio con 9 letras (V-e-n-e-z-u-e-l-a) no lo tiene, porque ese enrojecimiento de las paredes de su destino, la necesidad de libertad de muchos, la impotencia de otros, el ultraje de la esencia de Venezuela esta siempre presente, no puedo evitar botar una lagrima de mi alma pronunciando silenciosamente el nombre de mi pais.

Al ver un circo decadente en una pequeña pantalla que me hace simplemente nadar en una impotencia constante, de respirar profundo, de ver en cada rincón de mi alma una oración más para que Venezuela recupere ese sol con que nació, con la convicción de que cada ser humano que tiene en su archivo etérico la asignación de ser venezolano algún día vivirá en paz, en calma, en un verdadero país y no en un circo triste y deplorable de adversidades e imposiciones como el desfile del día de hoy. No estoy ahí y me siento ahogada, yo me fui, con el dolor de dejar a los que amo y con la paz de algo mejor…enterrando nostalgias y con un extrañar permanente pero... ¿Qué hay de aquellos que se quedaron?

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