jueves

LO QUE ME CONSEGUÍ EN UN TAXI (HISTORIA TOTALMENTE REAL)

Global Bank. Calle 50. Ciudad de Panamá. Mi ruta permanente


Una constante muy particular en las calles panameñas es el sistema de transporte, un martirio para algunos, una necesidad para otros, todos los que aùn no contamos con el privilegio de tener un transporte propio contamos con esta posibilidad, siempre y cuando se deba decir hacia dónde se dirige uno para ver si la ruta coincide con la del conductor sino... olvídalo.

En el día de hoy sucedió algo que no podía creer, conseguí en un cuerpo una mezcla extraña que jamás pensé conseguir: Un panameño xenofóbico. La cosa más rara del planeta, es un poco ilogico que un país que siempre ha tenido una cantidad considerable de extranjeros como habitantes y en donde hay tantas culturas marcadas, exista precisamente un xenofóbico.

Eran como las 6 pm, salí corriendo del trabajo para poder ir a mi casa y terminar de recompensar con descanso el día eterno, después de 6 taxis que no coincidían con mi destino conseguí uno, me monté sin importarme si se tomara una ruta anterior a la mía, a veces el desespero te hace ignorar que el señor se dirigirá a otro sitio. primero En esos silencios incómodos, en donde prefieres primero percibir la energía del conductor antes de establecer una conversación de rutina sobre la situación del país, la típica política que no te deja la vida en paz, etc. repentinamente sonó una canción de Oscar de León en la radio, una leyenda aquí en tierras panameñas.

La alegría reinaba dentro de mí porque sentía que Venezuela por alguna parte tenía un rostro bonito, hasta que esa ilusión se vio interrumpida por una voz ronca que decía (textualmente): Me tienen harto esos muerganos venezolanos, deberían largarse de aquí, de qué se quejan si allá le dan 10 mil dólares para que viajen a donde les da la gana, niños ricos que vienen a jugar a inversionistas en este país, estorban todos "malnacidos".

Mi corazón se detuvo, más allá de una simple frase, vi en los ojos de ese señor una inmensa rabia que se dirigía más a un resentimiento de hace años, que va más allá del hecho de que hayan más de 200 mil venezolanos en Panamá... siguió hablando y yo con un rosario metido en la cabeza orando para que se terminará de disolver el tráfico y bajarme en la primera parada que consiguiera, si era de irme caminando lo haría.

En medio de la revolución de maaldiciones vudú que salían de la boca de ese señor, vi en la esquina del carro un puñal, me sentí en un simulacro de un taxi entrado a los atajos de Carapita, pensé 80 mil cosas que se borraron al sentir una pregunta directa de él hacia mí: "Y tú... ¿eres extranjera acaso? porque el pelito rojo y la pielcita blanca te delatan niña bonita..."

Quise morir del pánico, por un momento borré los miedos dentro de mí ...hasta que saqué de mi subconciente un acento panameño de las niñas jóvenes de la Provincia de Colón (una de las provincias de Panamá) , traté de usar la mayoría de los modismos, expresiones y spanglish posibles... sólo para protegerme de semejante personaje y al parecer el señor se lo creyó... logró pensar que era uno de ellos.

Finalmente logré liberarme, salí corriendo con una rabia dentro de mí... porque ese señor era una minima tontería en comparación del encanto del panameño... sobretodo hacia el venezolano, esa fascinación por los programas, por los artistas venezolanos, por nuestras mujeres, por nuestro arte... no puede ser opacado por un señor que está cegado por la ignorancia irremovible, ese tipo de ignorancia que ya ralla en ser un cáncer maligno en el sentido común. Me rehúso a pensar que el panameño... uno de los seres más nobles que he conocido, sean capaces de semejante barbarie... supongo que el tiempo me dará la razón o me desmentirá... quién sabe. Me seguiré arriesgando, no me importa :)


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