jueves

De Cómo Caracas se Desliza por Mi Mente

Las Mercedes. Caracas
Ciudad de Panamá. Panamá.

De vez en cuando el alma se me desprende en un solo nombre, de vez en cuando mi identidad vuelve a latir buscando de nuevo a su madre, el lugar que la vio nacer, que me vio nacer: Caracas.



Este mundo es pacífico, es tranquilo, el aire de una paz y el calor de una sonrisa de cualquier persona de aquí, terminan de suprimir los enemigos del miedo y de la abstención de una vida distinta.


Por las noches amo ver dormir a Ciudad de Panamá, como respira, como fluye, como sus mares suben y bajan en un centenar de segundos que terminan de decirme que nada es eterno, pero que mientras tanto todo está bien y que aquí me puede proteger.


Cómo amo esta ciudad que me vio nacer de nuevo, sin embargo existen instantes en donde la madre Caracas se asoma por mi mente y sin pedir permiso, reclamando su cuota de nostalgia por mi parte, esa ciudad de tantos matices, sensaciones, almas, pensamientos ideas, culturas, sensaciones y rostros… la ciudad que puede tornarse en una cuna de bendiciones como también en una cortina de balas, de suspiros entrecortados de almas clamando por un cambio y otros aferrándose a vivir mientras el día y la calle se lo permita.


La Caracas disfrazada, la Caracas real, la Caracas invadida, la Caracas dañada, la Caracas resucitada, la caracas hermosa, la Caracas intensamente silenciosa, silenciosamente apasionada, tantos rostros, tantos aspectos que terminan de cuestionar el destino de esta ciudad.


La del suspenso, la del miedo, la de los recuerdos hermosos y la de esta mortal que no pasa un día en que no deja de suplicar porque Caracas recupere su rostro, su luz, sólo para hacer que quienes vivan en ella vivan de verdad…








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